LOVE IN BLUE

   

 

CRÓNICA DE UN BESO


Hoy iba a la escuela con la clara y definida intención de hablarte, nada me iba a importar más, estaba decidido.

Cuando te vi llegar, la seguridad con que tus pies caminan, me hizo titubear por un momento, pero recordé todas las tardes que había pasado pensando en ti, y esto me dio mas aplomo, estaba decidido.
Cuando tus ojos se dirigieron hacia mí, como algunas otras veces, sentí, como todas ellas, que mis piernas no soportaban el peso hermoso de tu mirada oscura, aunque esto era un sentimiento de inseguridad, me agradaba, me gustaba mucho que tu luz me iluminara, y me agradaban mucho más las miradas furtivas, frente a todos, pero sin que nadie se diera cuenta, sabía que no te era indiferente y ahora, estaba decidido.

Me pasé toda la mañana siguiéndote, vigilándote, tratando de imaginar tu reacción, dado que mis amigos no sabían que me gustabas, debía disimular, y sabía que tú lo hacías también. Es maravillosa la comunicación, y mucho más cuando va implícita en miradas, como las que utilizábamos nosotros y que seguramente nadie detectaba en el ambiente, solo tenía que establecer contacto verbal, estaba decidido.
No puse atención a las clases, solo veía como los maestros entraban y salían de mi salón de clases. Sabía que ver que uno salía, representaba una hora mas que estaba tan lejos de ti, y a la vez tan cerca; sabía también que los minutos, uno a uno, corrían frenéticamente hacia el final del día, y que no debía irme a la cama hoy, sin que supieras que te amaba, estaba decidido.

Al final de las clases salí de mi salón, con dirección al tuyo, esperé pacientemente a que tu clase terminara, tu maestro solía excederse en el tiempo de su clase por 10 minutos. Los cuales se me hicieron eternos, los nervios me intentaban traicionar, pero estaba decidido.
Vi que tu maestro salía del aula, y seguido de él, el bullicio de tus compañeros, estuve a punto de arrepentirme, darme la vuelta y salir corriendo, pero no lo hice, ya no seria cobarde por un día mas, al final de la aglomeración de estudiantes venía uno que reconocí de inmediato, lo conocía muy bien a fuerza de verlo, soñarlo, admirarlo. Sus rizos negros caían sobre su frente, enmarcando sus mágicos ojos, su boca rubí representaba la puerta del cielo para mí, el cuerpo delgado pero firme que poseía era para mí un soñado refugio al cual escapar durante las noches frías y solitarias, al verte, como siempre que lo hacía, levitaba sobre una nube.
Esperé a que tus compañeros se retiraran un poco, y pensé "ahora o nunca", te abordé:

- Oye, disculpa -dije lentamente, mientras la nube se hacía cada vez más densa- ¿me preguntaba si podrías prestarme tus apuntes de probabilidad, mañana tengo examen y mis compañeros ya se han ido?

No estaba seguro que fuera un argumento convincente…

- ¡Claro!

Y de nuevo esa mirada que iluminaba mi día, cuando me distinguías con ella.

- Me llamo Alex, soy del grupo E…

- Sé quien eres… -interrumpiste mientras te acercabas a mí, y me sorprendías con un beso en los labios, un beso casto, hermoso, cálido; un beso fugaz que, sin embargo, habría ocupado toda mi eternidad.

Un pitido continuo llama mi atención: el despertador indica que es hora de levantarse ya. Odio despertarme justo en el momento en el que mi sueño parece más real, pero amo soñar contigo todas las noches. Me han dicho que si sueñas algo continuamente, representa tu destino; si esto es cierto, tú eres el mío…
Hoy iré a la escuela con la clara y definida intención de hablarte, nada me importará más, estoy decidido.

Alexander

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