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No se si, como lo cantaba Georges Brassens, "no hay amor feliz", pero de lo que estoy plenamente convencido es que no hay verdadera felicidad sin amor. Estas ideas ya no están muy de moda en una sociedad, como la nuestra, entregada sin reserva al materialismo más salvaje. Sin embargo, el 14 de febrero celebramos a San Valentín, patrón y protector del amor, así que permitid que os hable un poco del AMOR, aunque solo sea un día al año.
Nuestro Gran Hermano americano nos ha vendido la idea, desde hace unas cuantas décadas (exactamente desde el famoso plan Marshall, al final de la segunda guerra mundial, que nos obligaba a los europeos a comprar, entre otras cosas, los productos de la industria cinematográfica estadounidense... a cambio de cereales y de tractores), a través de sus películas y de sus series televisivas, que el amor sólo es atracción de cuerpos y gimnasia sexual, con plusmarcas incluidas. Y me temo que esta idea sea la que predomine, ahora mismo, entre los jóvenes europeos. No hay más que leer el correo que recibimos a diario para darse cuenta de que, en un porcentaje muy elevado, preocupan más las medidas del pene y la frecuencia de los coitos que el cuidar de su pareja o intentar que una relación sea enriquecedora y duradera.
No deja de ser preocupante el que, para conseguir una moto, un coche, un piso o una buena situación social no escatimemos esfuerzos y sacrificios y que, sin embargo, no seamos capaces del más mínimo esfuerzo cuando se trata de conseguir el amor de alguien y de conservarlo.
Solo sabemos "enrollarnos" por una noche, por un fin de semana, o por un verano, en el mejor de los casos. ¿Para que esforzarnos en seducir a alguien y en conquistar su amor?¿Para qué esforzarnos tanto por mantener una relación con alguien que no nos puede dar nuestra dosis de sexo cotidiana?¿Para qué esforzarnos en escribir o en llamar por teléfono a alguien que vive a cientos de kilómetros?... cuando es tan facil encontrar, en la calle, en cualquier bar o discoteca, a otra persona dispuesta a satisfacer nuestros deseos.
¡Si solo nos interesa el sexo!... como me comentan, a menudo, algunos jovencitos. Visto así y desde ese ángulo, efectivamente: ¿para qué?
Y no hablemos de los que abandonan a su pareja a la primera ocasión, en el primer desencuentro, en el primer enfado... o en cuanto conocen a otro chico más interesante, más atractivo o más guapo. Como en un espejismo, buscando siempre el más, lo más, corriendo -cuál una Madame Bovary cualquiera- detrás de algo inalcanzable, una quimera, pues siempre existirá alguien más interesante, más atractivo o más guapo, y es totalmente ilusorio pensar que uno lo pueda conseguir algún día.
Yo soy consciente de que mi amado -aún siendolo todo para mi- no es perfecto, como yo tampoco lo soy. Y, sin embargo, no deseo a otro chico que no sea él.
Y es que el amor es, también, un acto de fé, en el que uno se entrega, cuerpo y alma, a otro, ciegamente, sin razón, por instinto, por atavismo.
Michel de Montaigne, al intentar explicar lo que le unía a Etienne de La Boétie, escribía: "Si me pedís que os diga porque le quería, sólo os puedo contestar: porque era él, porque era yo."
Cuando estudiamos la lógica matemática, se nos enseña que la suma de dos proposiciones falsas da como resultado algo verdadero... Paradójico, ¿verdad? Pues bien: ¿por qué no pensar que, de dos seres imperfectos, pueda nacer un amor perfecto?
Tal vez, para ello, tengamos que olvidarnos ya del ocurrente verso de Gustavo Adolfo Becquer:
"Amor eres tú"
para empezar a pensar que "amar es ayudar al otro a ser él mismo" o, como lo escribía A. de Saint-Exupéry, que:
"Amar no es mirarse el uno al otro, sino mirar los dos en una misma dirección."
Solo en la medida en que sepamos comunicar y compartirlo todo con el amado, solo en la medida en que consigamos enlazar nuestra vida a la suya, tendremos alguna posibilidad de alcanzar este amor que todos anhelamos, incluidos esos jovencitos a los que me refería antes.
Eso no significa, por supuesto, que el amor sea un camino sembrado de rosas, exento de malos tragos: malentendidos, dificultades, problemas y también, en algunas ocasiones, desilusiones y lágrimas -amar duele mucho, a veces-, pero estos malos tragos no son -no deben ser- obstáculos infranqueables y motivo de renuncias, porque solo son la expresión de un amor tan intenso y profundo como exigente. Fe... Fiar... Confiar... Fiel... Fidel... Fidelidad
Todas estas palabras tienen la misma raiz, la misma etimología, y es que, en el amor, interviene esa fe, esa confianza ciega, de la que hablaba antes, pero viene acompañada por su inevitable corolario: la fidelidad.
Porque, cuando esta última no es muy evidente ni muy sólida (no olvidemos que "la mujer del Cesar no solo tiene que ser honrada, sino que tambien tiene que parecerlo"), entonces surgen las dudas, las decepciones, las desconfianzas y, al final, el desamor.
También existen ¿como no? los celos en el amor.
A muchos de vosotros, os parecerá algo totalmente obsoleto, de otra época, como una manifestación de machismo o como una falta de cultura. Algo que solo puede darse en pueblos salvajes y primitivos, en seres poco evolucionados o tarados, en embrutecidos.
Y no es así. En una reciente entrevista televisiva, se le preguntaba a Antonio Gala si él era celoso en el amor, a lo que el gran escritor español contestó:
- Pero, por favor ¿por quien me has tomado?... claro que soy celoso, por supuesto que lo soy, y mucho...
Los celos no son mas que una forma de decirle a alguien: te amo, no quiero perderte y lucharé tanto como sea capaz, con todas las armas a mi alcance, para que nadie consiga apartarte de mi.
Por mi parte, quiero reivindicar el derecho a ser celoso, porque quiero que mi amado sepa cuanto le quiero y lo que estoy dispuesto a hacer para que nadie me lo arrebate. No comulgo, en absoluto, con esa forma de pensar supuestamente civilizada que consiste en "compartir" al ser amado con otros. No se puede consentir, bajo ningún concepto, que existan rivales ni competidores en el amor, porque el amor, por definición, es exclusivo.
Otra cosa es que el amado se aparte de nosotros porque nosotros no hayamos sabido amarle.
Porque, evidentemente, el amor exige mucho; más aún: lo exige todo, absolutamente todo. Y quien lo ignore esta condenado a no saber nunca lo que es amar ni ser amado.
Como lo escribiera también el autor del Principito:
"Lo unico que cuenta en el amor, es amar sin contar"
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¡Feliz San Valentín a todos!
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